Boletin Turistico

Francisco Muñoz Escalona / Removiendo las aguas

Francisco Muñoz Escalona / Removiendo las aguas (94)

Foto de Francisco Muñoz Escalona
¿Cómo medio de información? Sí, en efecto. Incluso como medio de propaganda viene siendo usado el turismo. Pero muy especialmente como medio de promoción de un sinfín de mercancías. El turismo tiene un potencial que no se agota en sí mismo, ni siquiera en sus efectos más conocidos. Se usa el turismo como vehículo para conseguir la tan ansiada paz entre los pueblos de la Tierra, como mecanismo de generación de empleo, riqueza y desarrollo económico, como forma de proteger los patrimonios natural y cultural y como un largo y abundante etcétera.

 

 

Foto de Francisco Muñoz Escalona
Uno de los temas más debatidos entre los turisperitos es el de la edad del turismo. Mientras que para unos el turismo existe desde que existe la especie humana para otros el turismo es cosa reciente. Mientras que para los primeros el turismo tendría dos millones y medio de años para los segundos tiene poco más de medio siglo. Mientras para aquellos el turismo consiste en desplazarse por el territorio, algo así como lo que hacen los nómadas, pare estos el turismo supone la existencia de una compleja industria al servicio de una demanda masiva, la de los vacacionistas. Hay quienes acuden a la antropología y hasta a los idiomas semitas para proponer tesis harto sofisticadas sobre la aparición del turismo. Ante tanta diversidad de criterios poco podría hacerse para poner de acuerdo a unos y otros sobre la época en la que surge el turismo.

Martes, 25 de Febrero de 2014 10:09

Por un turismo de altura

por Francisco Muñoz Escalona

Blog Francisco Muñoz

Teresa Sánchez Dávila (1515 – 1582) fue una mujer harto adicta al turismo de negocios. Nació en Ávila de los Caballeros en el seno de una familia de judíos conversos, circunstancia sin duda peligrosa en aquellos años del feroz antisemitismo que padeció la Castilla que recién estaba saliendo de la edad media. Por ocultarla, sus hagiógrafos prefieren llamarla Teresa de Cepeda y Ahumada, desplazando los primeros apellidos paternos y resaltando los segundos, de corte más hidalgo y con los que simulaban que Teresa era hija de cristianos viejos.

 

Por eso nuestro personaje es conocido mundialmente por esos apellidos. Teresa, una joven rebelde y decidida, profesó en el monasterio carmelita de San José de su ciudad natal. Como religiosa protagonizó numerosas fundaciones a lo largo y ancho de la España de su tiempo, una actividad que le llevó a realizar numerosos viajes como lo que era, una emprendedora incansable obligada a practicar el turismo de negocios.

 

En los noventa del siglo pasado conocí a un estudioso enamorado de la vida de Teresa. Él conocía su actividad viajera como pocos. Un día, mientras tomábamos un chocolate con soconusco en el café Gijón de Madrid, me percaté por sus manifestaciones de que Teresa, además de una empedernida viajera, prolífica escritora y excelsa mística doctora de la Iglesia de Roma, es universalmente conocida entre los cristianos del mundo, pero no solo entre ellos, también lo es entre los filólogos, los historiadores y por todos aquellos que se interesan por la vida y milagros de una mujer sin duda excepcional por muchos motivos.

 

Andaba yo cuando entonces desarrollando mis planteamientos teóricos sobre el turismo, unos planteamientos que, además de buscar resolver las anomalías que aquejan a la doctrina convencional, se orientan hacia la conveniencia de rebasar la mera producción de servicios “para el turismo” y acometer la producción de turismo, un producto final apto para su consumo inmediato por sus compradores. Fue entonces cuando le propuse a mi interlocutor un proyecto consistente en crear una empresa dedicada a la fabricación de programas de estancia con contenido consistente en visitar y conocer las fundaciones teresianas. Se trataba de diseñar viajes desde diferentes ciudades españolas y extranjeras. El producto se iniciaría con la exposición audiovisual del contenido de los programas a cargo de competentes especialistas teresianos. Los participantes recibirían en ese acto de gabinete un libro no venal con las explicaciones del itinerario en el que se detallarían tanto las actividades a desarrollar como los servicios complementarios. Se trataría de imitar la actividad que llevaba a cabo Stendhal con el fin de preparar a sus amigos antes de emprender los viajes a Italia en los que él, avezado entendido, se comportaría como guía.

 

La idea no fue desarrollada y calló en el olvido, un olvido de dos décadas, pero el 6 de enero de 2014 me la recordó un reportaje del diario ABC titulado “Santa Teresa de Jesús: Cinco siglos para celebrar”. Su autora, Laura Daniele, informa de la creación de una Comisión Nacional presidida por la vicepresidenta del gobierno siendo su presidente de honor el rey de España. La finalidad de la Comisión consiste en preparar la celebración del quinto centenario del nacimiento de Teresa y contribuir a destacar su figura y sus aportaciones al mundo de las letras y de la cultura españolas. Laura Daniele informa en su reportaje de algunas de las actividades programas, entre ellas 17 rutas teresianas con destino a las ciudades que cuentan con fundaciones, las cuales “conservan un importante patrimonio en torno a su vida”. Se trata, pues, de una red de rutas para fomentar el turismo espiritual, lo que sin duda es un turismo de altura. Junto a las 17 rutas, la Junta de Castilla y León y la Fundación Edades del Hombre, han llegado a un acuerdo para celebrar una doble exposición monográfica: en la ciudad de Ávila, ciudad en la que nació Teresa, y en Alba de Tormes, la ciudad donde murió, eventos que tendrán lugar en la primavera de 2015.

 

El V Centenario del nacimiento de Teresa se abrirá oficialmente el 15 de octubre de 2014 pero, con motivo del IV Centenario de su beatificación, tendrá lugar el próximo mes de abril el Congreso Internacional de Mística en la ciudad de Ávila. La conferencia inaugural del congreso estará a cargo del presidente del Instituto Cervantes.

 

La ocasión es sin duda harto propicia para que los organizadores del V Centenario teresiano consideren muy seriamente la posibilidad de poner en marcha un proyecto empresarial sobre la idea antes expuesta, la de producir y distribuir “Urbi et Orbe” un catálogo de variados programas de estancia con contenido con base en las 17 fundaciones teresianas. La disponibilidad de datos es abundantísima. Ahí están sus obras, sobre todo su Vida, el Libro de las Fundaciones, su denso epistolario y, especialmente, las mismas fundaciones junto con los itinerarios que ella misma utilizó en sus visitas a los nuevos monasterios carmelitas.

 

Una información que espera en silencio la mente creativa y emprendedora que sepa convertirla en una oferta turística de especial singularidad: producir y comercializar lo que sin duda es un verdadero turismo de altura. De altura cultural y espiritual, sí, pero también de un turismo decididamente innovador y de auténtica altura empresarial con visos de ofrecer una excelente rentabilidad. No es de desestimar en este orden de cosas la existencia de una gran demanda potencial distribuida por toda la faz de la tierra.

 

Miércoles, 05 de Febrero de 2014 17:49

El Turismo de la Turispericia

por Francisco Muñoz Escalona

Blog Francisco Muñoz
Creo y afirmo que el turismo en primer lugar debe ser visto desde la sociología que implica. Me refiero a esto ya que en primer lugar se debe estudiar el comportamiento del hombre, sus inclinaciones y sus gustos y hacia donde están enfocadas sus preferencias, todo esto limitado por alguna zona (no vamos a estudiar el comportamiento de todo el mundo sino que debemos enfocarnos al mercado en el cual nosotros queremos atacar)

 

Pienso además que para poder realizar un correcto estudio del comportamiento (es como un estudio de mercado de una empresa tradicional), se debe profundizar bastante ya que existen innumerables variables que influyen, clases sociales, lugares de moda, y muchas otras. Básicamente, el turismo a lo largo de los años se ha enfocado a satisfacer las necesidades de los clientes a través de la formación de profesionales aptos para atender estas necesidades, tratando de crear nuevos tipos de servicios, los cuales abarcan diferentes áreas, por lo que es una actividad muy difícil de estudiar ya que comprende diversos aspectos como los nombrados anteriormente.

 

Puedo sostener y sostengo que la frase transcrita no sorprenderá a nadie. Se atiene fielmente y con meridiana claridad a la literatura que empercude las obras que se escriben y se publican bizarramente sobre el turismo. Lo que acabo de transcribir ha sido tomado de un texto encontrado al azar en Internet. Tiene la virtud de reflejar la forma habitual con la que los turisperitos pontifican sobre una materia que desconocen olímpicamente pero sobre la que también olímpicamente se atreven a hablar excátedra si el menor rubor un día sí y al siguiente también. Nótese que al anónimo autor destaca la sociología como la disciplina desde la que se estudia el turismo. En eso acierta plenamente nuestro desconocido autor.

 

Se trata de conocer el comportamiento del hombre, y de la mujer, sus inclinaciones y sus gustos, pero ¡ojo!, limitándose a una zona, quiere decir, a un lugar o a un país indeterminado. No especifica el autor si ese país es el de residencia del turista o el visitado por él aunque se puede presumir que se refiere al segundo ya que el primero no es el que merece la atención de los turisperitos. Para ellos solo cuenta los países que llaman destinos turísticos, esos lugares donde no viven los turistas pero en los que hay turistas y por eso los califican de turísticos. Pero, el autor, sin percatarse de lo que hace, porque lo hace de modo reflejo, automático y acorde con lo que lee y oye, a pesar de que admite previamente que el turismo debe estudiarse desde la sociología no se centra donde los turistas residen, que es donde tiene sentido tratar de conocer a los turistas.

 

Sin darse cuenta se contradice y resbala hacia la nefasta economía haciendo alusión a que se trata de hacer un estudio de mercado similar al de una empresa tradicional. Continúa insistiendo en los aspectos económicos cuando sostiene que el turismo, a lo largo de los años, se ha enfocado a satisfacer las necesidades de los clientes. ¿Pero como lo hace? Muy sencillo. Según él, a través de la formación de profesionales aptos para atender esas necesidades, precisamente tratando de crear nuevos tipos de servicios los cuales abarcan diferentes áreas. No es de extrañar que en su opinión el turismo sea una actividad muy difícil de estudiar.

 

Como vemos, el anónimo turisperito hallado entre las procelosas aguas de Internet escribe con total desparpajo. Se comporta como un maestro en nada, como un especialista dotado de esa soberana indigencia intelectual que le lleva a pontificar con una envidiable soltura. Pero esa indigencia no es privativa del autor de la frase transcrita. En la literatura especializada en turismo no es infrecuente encontrarse con estos ejemplos, ejemplos que siguen apareciendo sin que nadie los denuncie. ¿Cómo pueden sobrevivir? ¿Tendrá que ver la explicación con el entorno en el que se producen? La cháchara campa a sus anchas y ampara con sus fatuas pompas a una comunidad de expertos a la que cabe calificar sin sorna de ser una verdadera turispericia autocomplaciente.

 

Blog Francisco Muñoz
Michel de Montaigne (1533 – 1592) es universalmente conocido como autor de Ensayos, obra que inició un género entre literario y filosófico que tantos cultores iba a tener en los años siguientes. Siendo muy joven se dedicó al ejercicio de la política local en su ciudad, Burdeos, donde llegó a ser alcalde. Después de un periodo de diecisiete años decidió retirarse a su torre para escribir su gran obra. En 1580 decidió hacer un viaje a Italia a través del sureste de Francia siguiendo por Suiza para atravesar los Alpes, llegar a Italia y volver por Alemania y de nuevo a Francia para crzarla de noreste a suroeste. Diecisiete meses más tarde regresó a su mansión satisfecho y agotado por las experiencias acumuladas durante su largo viaje, durante el cual escribió un diario en el que detalla las localidades en las que se detuvo, la distancia recorrida, los paisajes en los que se deleitó. Montaigne tenía 47 años pero su salud era precaria ya que había heredado de su padre el mal de piedra y otros achaques de lo que consideraba ya una edad provecta.

¿Por qué, a pesar de sus dolencias, decidió Montaigne, hacer no solo un viaje cualquiera sino un largo viaje, eso que los turisperitos han dado en llamar en francés Grand Tour, expresión con la que han tratado de tipificar la costumbre de la clase ociosa (la aristocracia) consistente en visitar países desconocidos y llenos por eso mismo de posibles sorpresas, satisfaciendo al mismo tiempo no solo la natural curiosidad sino también obligaciones sociales derivadas de su peculiar estatuto de clase: las relaciones sociales de alto nivel, tan útiles para las actividades de gobierno a las que estaban llamados los nobles. Ocio para ellos no era tiempo libre y aunque ahora los identifiquemos. Montaigne se proponía visitar la ciudad de Roma, y al Papa, para someterse a su autoridad como católico, así como a altos dignatarios romanos; ese fue el principal móvil de su largo viaje, aunque no dudara en aprovechar el desplazamiento para cumplir un nutrido repertorio de objetivos secundarios: recibir tratamiento en casas de cura y reposo, visitar jardines singulares, refaccionarse en mesones, orar en monasterios, asistir a procesiones religiosas y participar en rituales festivos. Y todo ello a través de una Europa harto convulsa pero sin duda estimulante. Aspiraba, como ya he dicho, a tratar sus dolencias reumáticas en los afamados Kurtort existentes en los Alpes Suizos. Fue pues un viaje de ocio pero no de vacaciones. Las vacaciones o no existían o las practicaban las clases negociosas.

El itinerario del viaje fue diseñado con esta específica finalidad terapéutica, demostrando así que los viajes se hacen no por un solo motivo sino por varios a la vez, algo que los turisperitos suelen olvidar para reducirlos al mero placer. Pero es que Montaigne hizo su viaje con un motivo más intangible, huir de los problemas de su país, sobre todo de su Burdeos natal. También aspiraba a huir de la cotidianidad de una vida de abundancia, aun sabiendo que, gracias a las riquezas acumuladas por sus antepasados, podía disponer de unos abundantes recursos para afrontar unos gastos de viaje sin duda exorbitantes. Sus dudas existenciales, su agotamiento físico y psíquico, sus inseguridades, la propia vida le desasosegaba. Intuía que solo un viaje excepcional podía ser el remedio y así lo reconoce en su Diario: “Solo me golpean las alucinaciones internas que yo produzco en mí y estas me llegan menos viajando”.

El viaje huida de Montaigne se hizo a su costa y se hizo por gusto, dos elementos que para los turisperitos lo configuran como turista avant la lettre, pero fue su circularidad casi perfecta la que permite decir que Montaigne fue un turista porque hizo un tour, es decir, porque dio una vuelta, una vuelta de 17 meses y 5 mil kilómetros, una vuelta larga y demorada, una prolongada gira. En su extenso y largo viaje, Montaigne nos aporta multitud de datos sobre los caminos existentes en su tiempo, malos y peligrosos,, sobre los medios de transporte, escasos, caros e inseguros, sobre las hospederías del itinerario, caras y poco confortables, sobre los monumentos, de gran antigüedad y valor, y sobre las obras de arte de Roma, datos con los que los que se podría hacer un estudio de la situación de los servicios facilitadores e incentivadores en la Europa del siglo XVII. En esto no se distingue de las demás obras escritas por viajeros. Falta en todos ellos información sobre como organizaron su viaje, quien les facilitó la información necesaria, más necesaria aun en la medida en que era mucho más imprescindible que lo es hoy, en un momento en el que la existencia de servicios comerciales era aun muy escasa y la seguridad de los caminos muy precaria. De contar con esta información la historia y la teoría del turismo podría haber sido escrita prestando la imprescindible atención a las técnicas organizativas (la verdadera oferta turística) tanto como a los viajeros (la demanda, tan sobre estudiada) y a la oferta de inputs (servicios facilitadores e incentivadores, mejor estudiados, sobre todo los primeros). Esta grave carencia de los datos disponibles para estudiar el turismo de una forma más económica y menos sociológica permanece aun hoy presente, algo que urge solucionar cuanto antes si queremos desarrollar un verdadero conocimiento del turismo que vaya más allá de una mera descripción y de sus consabidos efectos múltiples.

Blog Francisco Muñoz
A través del enfoque de oferta es posible cumplir la recomendación que en 1911 realizó Von Schullern: estudiar el turismo "positivo" y "negativo" de un espacio concreto, del mismo modo que estudiamos el comercio exterior de una economía analizando la importación y la exportación para obtener una balanza o saldo, considerado como un índice expresivo de la situación. Al dotar a la economía turística del mismo modelo de análisis microeconómico que se aplica a cualquier sector productivo, se cumple también la segunda recomendación del economista austriaco antes citado: dotar a los estudios del turismo de unos sólidos fundamentos científicos que eviten los defectos de coherencia interna que ha puesto de manifiesto nuestra investigación y sus insuficiencias teóricas respecto a la definición de la oferta y a la concepción del mercado. Al mismo tiempo, se consigue la implantación de una terminología concisa y sin ambigüedades, tal y como propugnaba el economista italiano Michele Troisi.

Blog Francisco Muñoz
Es evidente que los autoconsumidores de productos turísticos que sí adquieren medios de transporte, de alojamiento y manutención en sus respectivos mercados sí interesan al análisis económico en la medida en la que realizan una demanda que es intermedia por servir para elaborar un nuevo producto, pero esta demanda se ha convenido en tratarla como final por ser realizada para el propio abastecimiento del adquirente.

Blog Francisco Muñoz
Junto al reconocimiento de la función productora de los turoperadores, los neoclásicos han aportado el énfasis que conceden a lo que nosotros llamamos técnicas paraturísticas por incentivación. Los cambios que han tenido lugar desde principios de siglo hasta la década de los cincuenta, marcados por la tenencia masiva de coches automóviles (no en vano conocidos como "turismos"), han llevado a la convicción de que ya no basta con aplicar técnicas facilitadoras. Desde entonces, el turismo dejó de ser solo "posada y camino". A partir de la popularización primero del coche y luego de los viajes en avión, se impuso la necesidad de crear incentivos y alicientes si se pretendía que un lugar "turístico" acaparara una parte significativa de los flujos turísticos. Esta es la explicación que tiene la proliferación de festivales, congresos, ferias, reuniones, etc., así como la atención que se dedica a la posesión de colecciones de arte, museos y exposiciones y a la organización de competiciones deportivas, celebraciones de fechas históricas y otros acontecimientos similares.

Blog Francisco Muñoz Escalona
La aportación más valiosa de los neoclásicos consiste en el reconocimiento de que la función que cumplen los turoperadores o agencias de viajes mayoristas es una función productiva y no meramente intermediaria, como ha venido manteniendo la escuela clásica desde sus orígenes, lo que equivale a no distinguir entre agencias mayoristas y minoristas. En cualquier caso, esta aportación aún no ha llegado a generalizarse en la comunidad de expertos y, por ello, no es extraño encontrar trabajos en los que aún se sigue manteniendo la concepción clásica de la intermediación de las agencias de viajes, a las que ni siquiera se las estudia en el marco de la teoría de la oferta. Puesto que no son más que mediadoras entre la oferta y la demanda, o representantes de los intereses de los turistas frente a la industria turística, las agencias de viajes se estudian, por regla general, en el marco de la comercialización de "los productos turísticos".

Blog Francisco Muñoz Escalona
En los cuatro posts anteriores se han aportado numerosas pruebas que demuestran, en nuestra opinión de un modo fehaciente, que la economía del turismo utiliza un enfoque de demanda debido a que, como parte constituyente de la doctrina general del turismo, una disciplina aplicada sui géneris, situada en los aledaños de la sociología, se basa en un concepto científico del turismo elaborado a partir de la noción vulgar de turista. Por esta razón, gran parte de sus elaboraciones teóricas se ven obstaculizadas por el problema irresoluble de las motivaciones psicológicas en las que se fundamenta la definición de turista y, como consecuencia de este problema, por el problema, no menos grave y derivado del primero, de la indefinición del producto turístico.

Página 1 de 7