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La primera exclamación, qué duda cabe, que arrancaban las inmensas construcciones de Dubai era un ¡oh! de sorpresa pero la segunda exclamación era un dubitativo “umh” ante el exceso evidente que éstas significaban. Las faraónicas construcciones rayaban en lo estrafalario al querer convertir un desierto completo en una selva, insertar tierra firme en el océano y lograr reemplazar el calor por el frío. Todo a costa de gastar y gastar los ingentes dineros que proveía (y no proveía como veremos después) el petróleo hasta el límite del despilfarro.
¿Y todo para qué? Para demostrar poder y regodearse con el éxito. Claro que así no se vendió. Se promocionó como una pujante ciudad que quería reclamar su lugar en el mundo y que aprovechaba de invertir inteligentemente en edificios, centros comerciales, hoteles, residencias y parques de diversiones para convertirse en una suerte de París combinada con Nueva York y Disneylandia. Por ejemplo, no comprendo (y a lo mejor alguien puede explicármelo) cómo desplazar a Londres, Shangai y Nueva York como plazas bursátiles y de negocios para ir a Dubai. Si bien hace casi un siglo Las Vegas se convirtió en el centro de diversión del mundo occidental, es evidente que tenía el mercado ahí nomás y en fin, el punto es que los gobernantes de Dubai pretendieron forzar hasta el límite el transformar su territorio en lo que no era, rememorando quizás la soberbia del mito de los atlantes cuando quisieron lograr la eterna primavera variando el eje de la tierra… y lo que lograron fue el diluvio universal.
También me mueve a la reflexión los invitados a la fiesta, los que llegaron al principio y se fueron temprano, los que aun están en la fiesta y se dan cuenta que se acabó la bebida y la comida, y los que acababan de llegar que ya apagaron la luz. Me refiero a los miles de contratistas y profesionales que le siguieron el juego a los botarates inventando toda clase de locuras para justificar alucinantes presupuestos de miles de millones. Al parecer, sólo había que lograr que los “dubaitianos” se lo imaginaran para convencerlos de que era posible construirlo y el contrato estaba firmado. Ahora, con miles de grúas armadas todo ha quedado en la incertidumbre de si se terminará o no. Peor aún, la parca ronda al pequeño estado en forma de quiebra nacional. Ya han salido voces amigas entre los vecinos ofreciendo ayuda, pero como toda colaboración, ésta tendrá un tope y será corto pues es sabido que en estos casos se ayuda al necesitado en la medida que a los demás les sobre o les acomode, pero una vez pasado este límite los amigos y aliados le dan la espalda dejando al desventurado a merced de sus acreedores.
Dubai pues es un nuevo ejemplo de que el mundo está cambiando. A los poderosos sus defectos les están pasando la factura. La vanidad, la soberbia y otros pecadillos disfrazados de crisis financiera, moratoria de pagos y quiebras le están demostrando al mundo que al final del día tanto los pobres como los poderosos, cuando escupen al cielo, les cae igual.
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Comentarios
Billy Montero
Monte Sky
Reserva Natural-Desarrollo Humano
Purisil de Orosi-Paraíso-Cartago
Costa Rica
Saludos
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