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Terminar la semana escribiendo un artículo divertido e ingenioso sobre algún restaurante o anécdota sería frívolo y fuera de lugar cuando nuestro Cusco está viviendo momentos terribles por los estragos que están causando las lluvias torrenciales que soporta. Una turista argentina y un guía peruano han muerto violentamente cuando un alud de lodo y piedras pasó por su camino, llevándoselos de encuentro. Otras ocho personas, habitantes locales, han muerto en diferentes circunstancias magnificando el dolor que ya sufrían sus familiares al haber perdido sus casas y sus bienes.
Al momento de escribir estas líneas quedan en el poblado de Aguas Calientes alrededor de 800 turistas aun sin evacuar, quienes saldrían hoy viernes si las condiciones del clima lo permiten. Una semana terrible en que la angustia por salir de aquella trampa en que se ha vuelto Aguas Calientes generó exasperación, desorden y corrupción. Las diferentes denuncias por pago de coimas para subirse a los primeros helicópteros que llegaban han puesto un manchón vergonzoso al país en su conjunto al margen de quienes fueran los culpables.
Y tal como lo dijéramos a principios de semana, esta vez se ha evidenciado un asomo, apenas un atisbo, de lo que en realidad es el peligro mayor: que un alud o el crecimiento del río desaparezca lo que nunca debió estar ahí… y tal como está ahí: el poblado de Aguas Calientes, estratégicamente mal ubicado y con un crecimiento desordenado ha puesto en peligro a sus habitantes y visitantes. Tal como se ha podido observar, ha quedado en evidencia que la importancia estratégica de esta localidad como puerta de ingreso a la ciudadela de Machu Picchu hace necesario que el Estado Central instaure una autoridad competente que planifique, organice y ejecute un plan de contingencia ante desastres de este tipo y en general administre el tránsito de turistas y pobladores en una zona de tan frágil equilibrio. La inoperancia, incapacidad y desinteligencia que ha mostrado el alcalde del pueblo (quien se ha convertido prácticamente en un fantasma inubicable) y sus regidores y funcionarios deshecha de plano cualquier reclamo de autonomía y respeto a los fueros. Simplemente las autoridades locales (y las regionales están tratando de quitarse ese sambenito) han demostrado que son incapaces de manejar una situación como ésta. Pero si bien la noticia se centra en el drama que se vive en Machu Picchu, no debemos perder de vista la magnitud del desastre en la zona sur de la ciudad de Cusco. El pueblo de Lucre prácticamente ha desaparecido y son varios los pueblos afectados, algunos emblemáticos como Oropeza y Huaro. En total suman ya 80 mil los damnificados por las lluvias.
Seguramente cuando pase la emergencia y todos estén a salvo vendrá la hora de la reconstrucción. El gobierno regional de Hugo Gonzales Sayán tendrá en su año de despedida su más grande reto: son miles de casas, cientos de hectáreas y varios kilómetros de caminos los que habrá que construir y recuperar. Dinero sobra pues las arcas del gobierno regional están llenas de los recursos del canon por lo que de nada le servirán esta vez al presidente regional las poses retadoras y los argumentos retóricos. Aquí no valen echarle la culpa al gobierno central, el ministerio o los congresistas. Lo que se requiere son resultados y el único responsable de lograrlos será el gobierno regional.
La vía férrea que conecta Cusco con Machu Picchu está destruida en varios tramos lo cual pondrá a prueba el turismo en el Perú. El tiempo que tome la reconstrucción de la vía del tren representará para el turismo peruano un simulacro perverso de cómo atraer turistas sin tener a Machu Picchu como imán. Ha llegado la hora de probar si podemos vivir sin nuestro principal atractivo turístico. Este suceso también deberá provocar que de una vez por todas se abran otras rutas de entrada y salida a la ciudadela. No podemos permitirnos nuevamente exponernos a que la naturaleza atrape a visitantes y pobladores en Aguas Caliente sin que nada se pueda hacer para rescatarlos. Ha llegado la oportunidad tan ansiada para el pueblo de Santa Teresa y la ciudad de Quillabamba: Convertirse en un acceso alternativo para MAPI.
De una derrota una victoria. La naturaleza ha desnudado violentamente nuestras deficiencias y ha demostrado lo vulnerables que somos. Más allá de buscar Chivos expiatorios y detenernos en disputas ridículas es el momento de planificar para construir donde se debe, reconstruir bien lo que se deba y aprender a no poner todos los huevos en una sola canasta.
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